Al llegar, vemos las dos casitas a ambos lados de la entrada, Gaudí, dando rienda suelta a su fantasía se inspiró en el cuento de Hansel y Gretel para su diseño. La de la derecha es la de la bruja, coronada por una enorme seta venenosa, y la de la izquierda, la de los niños, con su doble cruz típica de Gaudí sobre el tejado. En ella vivió Gaudí desde 1906 hasta su muerte, y hoy es la Casa Museo Gaudí, que expone dibujos y objetos personales del artista.
Ambos tejados, así como los más conocidos elementos del parque, están hechos con la técnica llamada trencadís, que consiste en usar cerámica en troceada para recubrir las superficies y crear decoraciones llenas de color y brillo. Josep Maria Jujol era colaborador de Gaudí, y el artesano que más maestría consiguió con esta técnica, de él son la mayoría de las composiciones del parque Güell.
Entrando en el parque encontramos la famosa salamandra que divide la escalera que nos lleva a una sala de columnas de considerables dimensiones con 84 columnas dóricas y recubierta de trencadís blanco con plafones coloreados creando un espacio digno de cuento de hadas. Las columnas sostienen la gran plaza del parque, famosa por su bellísimo balcón con banco corrido de 150 metros de longitud desde el que se puede contemplar la ciudad.
En el parque hay muchos otros detalles obra de Gaudí que se pueden apreciar paseando por los senderos del parque, al tiempo que disfrutamos de un jardín mediterraneo.