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Una sección por
C. Gavilanes
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Casa
Ciriaco
Casa
Manolo
La
Atrevida
El
Tejarejo
El Timón
La Urraca
La
Escondida
Albur
La Castela
(antes La Tercia).
Doctor Castelo, 22.
Tels: 91 573 55 90
91 574 00 15
Metro: Ibiza |
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A mi juicio, el mejor bar de la zona de Narváez-Ibiza, que me fue dada a conocer en mis siempre añorados tiempos CSIC (donde trabaje un tiempo) por un colega que vivía allí. Y nunca mejor dicho, eso de dada a conocer, porque yo por esas calles no había ido prácticamente nunca, ni de bares ni de nada. Así que cuando empecé a ir me quedé bastante sorprendido de la gran cantidad y calidad de la hostelería del barrio -a mi juicio, por encima del siempre afectadillo y sobrevalorado Barrio de Salamanca, al otro lado de la calle Alcalá.
En concreto, La Castela, en la calle Doctor Castelo-qué tonto suena esto-, junto a Narváez, es un bar-restaurante de estos que apuestan por la imaginación, y dan un toque posmoderno a sus propuestas. Afortunadamente, tampoco olvidan algunos platos más convencionales, como las excelentes croquetas (aquí, generalmente, de marisco, pero también se pueden probar de pollo si hay suerte y las hacen para darlas de tapa). Ejemplo de lo anterior es el magnífico revuelto de habas y morcilla que tuvimos ocasión de zamparnos la última vez. Pendientes de probar están otros revueltos de aspecto seductor, de los que ya iremos informando.
Mención aparte merece el mobiliario de la barra (con el clásico mostrador metálico sobre el que penden los grifos de cerveza, a la antigua usanza).
Como otros bares del barrio, su punto álgido es, que yo conozca, el domingo antes de comer. Pero un día de diario a las 9 y media de la noche es posible disfrutar de cualquiera de sus tentadoras posibilidades. Os lo aseguro.
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Casa Ciriaco
Mayor, 78.
Tel: 91 548 06 20
Metro: Sol / Opera |
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No es que el sitio tenga un aspecto tentador pero, al fin y al cabo tampoco lo tiene ese templo de las croquetas que se llama Casa Manolo, así que no es el aspecto lo único que nos debe hacer juzgar. Este es un bareto antiguo, de camareros relativamente vetustos, pero situado en posición estratégica, muy cerca de la calle Bailén, en un área en la que sobran los locales de copas para pusilánimes y los mesones para atracar extranjeros. Además, puede decirse que al menos una vez ha llamado la atención de gente lo suficientemente distinguida como para permitirse aparcar un MG descapotable en la puerta.
¿Qué nos ofrecen? Pues no es que esté pintado sobre los baldosines, ni que aparezca en una pizarra de rayas sobre la que pone Mirinda. Hay que preguntar al camarero para cerciorarse. Y como el tío dijo croquetas, pues no pude negarme (vosotros ya me conocéis).
Las croquetas son versión pequeñita y con síntomas aparentes de haber permanecido congeladas en algún momento de su vida (un contenido no suficientemente ligado las delataba). Por otra parte, el sabor es decente, si bien no alcanza la gloria.
Así que, MGs al margen, la conclusión no es demasiado excitante (aunque el simple hecho de que sirvan croquetas caseras me parece ya un hito, como podéis imaginaros). No obstante, los hay que afirman que el sitio está muy bien, así que igual me vuelvo a pasar pronto y os cuento más.
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Casa Manolo
Jovellanos, 7
Metro: Sevilla
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Enfrente del Teatro de la Zarzuela y muy frecuentado por el público habitual de la ópera, en Madrid (incluidos Ruiz Gallardones y demás familia), este bar tradicional merecería estar inscrito con letras de oro macizo en una hipotética placa que recogiese el itinerario de la Ruta de la Croqueta. Sí, la primera vez que fui, hace ya lo menos 6 años, mi atención quedó inmediatamente captada por un cartel, bastante rancio, por cierto, que anuncia Especialidad CROQUETAS. No me cupo la menor duda sobre qué pedir, a continuación.
Y podría extenderme sobre los extraordinarios matices que adornan a las croquetas que este bar propone. De hecho, sólo una elemental prudencia me aconseja ser comedido y no aburriros con tal panegírico. Simplemente os aseguraré que, cada vez que voy, cada vez con menos dudas, si cabe, pido lo mismo que pedí aquel día de hace 6 años: Una caña y dos croquetas, por favor. Los que reciben tales peticiones suelen ser unos camareros casi tan vetustos como el propio bar (y digo suelen porque últimamente se detecta una más mayoritaria presencia de público joven, parte del imprescindible relevo generacional que, por mi parte, espero que incluya la transcripción a los que vengan de la receta de ese frito tan español y tan estimulante). El servicio, por lo demás, es amigable y destila siempre una cierta seriedad no exenta de clase que contribuye a granjear mis profundas simpatías por el establecimiento.
Si acaso hubiera algo que objetar, quizás sería el aspecto algo lúgubre que puede llegar a ofrecer si vas fuera de hora (horas son las de comer o cenar -también es restaurante- y las de espectáculos en el teatro de enfrente). Pero ya os digo que incluso eso se puede ver con buenos ojos. Y además, ¿qué mejor que un par de croquetas tranquilas para iniciar cualquier velada? A mí, personalmente, no se me ocurre nada.
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La Atrevida (Enoteca)
Santiago, 10
Tel. 91 559-6422
Metro: Sol / Opera
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Horario: 12.30-16.00 / 20.00-00.30; viernes y sábados hasta la 1.00
¿Qué probamos? Indudablemente, como no podía ser de otra manera, las croquetas (ya sabéis que yo, es verlas en la carta y abalanzarme -esto me cuentan que es literal- sobre la barra). En este caso son las típicas de presentación historiada, tochas y bastante logradas, como corresponde a un sitio fino. Pero no acabó la cosa aquí, porque (sorprendentemente) fui capaz de dejarme tentar por otras ofertas: la tostada de magret de pato es potente, e idem la de queso de cabra frito o la de bacalao ahumado.
Para beber, si os gusta el vino encontraréis una amplia oferta (Protos y Sangre de Toro han sido objeto de mis catas -ambos han salido airosos, y yo con mareos importantes). Pero también puede pedirse incluso cocacola (el que lo haga, por favor, que no me informe).
En fin, que es un sitio interesante para darse un pequeño (o grande) homenaje gastronómico antes de acudir a templos de la música y la vida nocturna que hay por allí cerca (léanse Katmandú, o La Coquette).
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